Trabajo o felicidad: elige tu vida

Ayer tuve una sesión en la que me di cuenta de cuánto me gusta y lo bello que es mi trabajo. 

Juanjo, un joven hombre que lleva dos años fuera de España para estudiar y trabajar, me dijo que había hablado con su jefe y le había dicho que no era feliz en el extranjero. Que no tenía ningún problema con el trabajo que estaba haciendo en la empresa, y que aun así volvía a casa. No era feliz. Echaba de menos su Madrid, su barrio y los amigos. 

Llevamos unos meses trabajando juntos y le he visto empeñarse hasta la coronilla para conseguir tener éxito en su trabajo y rentabilizar la inversión hecha en tiempo y dinero. Se ha comprometido tanto con su objetivo que ha sacrificado su felicidad. 

Para muchos quizás sea lo más normal del mundo sacrificar la felicidad personal para un trabajo: para mí no lo es. Para mí eso es cosa de otra época. De la época de mis padres y abuelos, que sacrificaban lo que fuera necesario con tal de tener una posición bien reconocida y bien pagada. Para luego llegar a la jubilación, mirar hacia atrás y darse cuenta de que la mayoría de su vida ha transcurrido bajo la tristeza cotidiana de un trabajo que no les ha hecho crecer ni desarrollarse. 

Hay gente que vive así. 

«Hazte funcionaria» te dicen, por el sueldo fijo. Lo que no te dicen es que también tendrás amargura fija.

Es cierto que no todos podemos permitirnos seguir nuestros sueños. 

¿Es cierto?

Yo creo que no es verdad.

Lo cierto es que podemos elegir, y una vez fijado nuestro objetivo, caminar para llegar hasta a él, no importa cuánto tardemos.  

Lo que es cierto es que tendremos nuestro ritmo, y está bien. Y que dentro de los márgenes que la realidad nos ofrece, somos libres.

Tengo una amiga en Italia que desde que acabamos el instituto (hace 18 años), trabaja como dependienta en un supermercado y está muy, muy contenta. Se siente realizada en su trabajo. Tiene días mejores y otros peores, pero yo veo cómo siente que es parte de algo que la nutre, además de darle dinero. En este caso no hay que cambiar nada. Eso es muy positivo para todos los implicados.

En cambio, hay otro cliente que trabaja en un banco y está más que amargado, amargadísimo. Por su tranquilidad económica, no quiere cambiar nada. Una decisión más que respetable. Cambiar de profesión es complejo y comporta pagar un precio que no todos quieren pagar. Eso también está bien: el trabajo así es para llevarlo lo mejor que pueda y encuentre un sentido a su vida más allá.

Y luego está Juanjo, que ha salido de su país para conseguir éxito laboral y, después de dos años de esfuerzos, trabajo y soledad emocional; delante de la perspectiva de «normalizar» esta situación de auto-abandono, ha decidido que su bienestar y su vida valen mucho más que un buen sueldo en una reconocida empresa. 

Le pregunté: «Cómo estás ahora?». 

Y me dijo: «Como si estuviera delante del mar de septiembre, cuando los colores ya no son tan fuertes y la gente va volviendo a su rutina. Tranquilo y satisfecho. En paz».

Y yo me pregunté: «¿Cómo estoy?».

Lo que vi fue asombro, por la belleza de lo que estaba pasando. Ser testigo de cómo un ser humano que había decidido ser fuerte y compasivo consigo mismo y tomar las riendas de su vida a su favor, estaba siendo algo bellísimo y natural… como una puesta de sol. 

Si quieres que te acompañe en el proceso necesario para que encuentres tu bienestar personal, las sesiones de Terapia Gestalt conmigo te interesan. Te abrazo.

La amargura de Pedro

Pedro es un hombre de 30 y pocos años. Es padre de tres hijos, uno de 7, uno de 3 y una niña de 6 meses. Hacemos terapia on-line.

Pedro es el director de una gran empresa de producciones audiovisuales en Alemania. Como muchos emigrante en países nórdicos hecha de menos el jamón y el pan con tomate, es originario de Lleida.

Me dice que está amargado.

Desde hace un tiempo su trabajo no le satisface. Era el sueño de su vida, desde que era pequeño soñaba con producir películas y dibujos animados.

Les gustan los ordenadores y trabajar en equipo.

Me dice que últimamente él mismo es un grano en el cXXXo de sus compañeros.

Lo nota, lo sabe.

Sus compañeros no le dicen nada por que es el jefe, también lo sabe.

Le pregunto cómo van las cosas en casa. 

Él me dice repite que está amargado.

Ama su mujer y sus hijos.

Sin embargo solo siente amargura.

Es una primera entrevista y decido arriesgarme con una dinámica práctica para que pueda contactar con su cuerpo.

«Cierra los ojos… contacta con tu respiración… ¿Como estas?, ¿Cómo te sientes? Donde está esto en el cuerpo…. profundiza ahí.»

A menudo la cabeza nos confunde. Puede que me haga creer que no sepa lo que me pasa cuando solo yo puedo saber que me está pasando.

Y lo que le pasa a Pedro cuando contacta con su cuerpo es que encuentra una tensión en la barriga que identifica como insatisfacción, tristeza.

«No debería ser así» repite, «he logrado mi sueño, debería sentirme satisfecho».

Al escuchar esto, recuerdo una frase que he oído por un terapeuta, Paolo Quattrini un Maestro de maestros, que dice: » Cuándo mueren los sueños muere también la energía vital de la persona».

Al fin y al cabo, cuando un sueño se realiza, también muere.

Por causas naturales, pasa de sueño a realidad.

Quizás si Pedro tuviera un nuevo sueño …

Quizás antes de tener un nuevo sueño tenga que despedirse del anterior, rendirle honores.

Rendirse honores.

¿Pedro se ha honrado por haber conseguido el sueño de su vida?

No siempre los sueños se realizan, y cuando esto pasa es algo muy bello.

Es bueno celebrarlo.

Antes de «parir» un nuevo sueño hay que hacer el proceso de duelo.

Antes de la primavera hay el invierno.

Es necesario el invierno, aunque haga frío y todo parezca muerto.

Si quieres ponerte al día con tus «asuntos inconclusos» y descubrir tu sueño, las sesiones de terapia gestalt conmigo te interesan.

Cómo descubrir tu verdadera pasión

Es muy común vivir nuestro día a día de manera automática, y así no podemos percatarnos de si estamos haciendo lo que realmente queremos.

Hay mucha gente que hace un trabajo que no le gusta, no le llena, y no tienen ningún problema con ello. Tienen claro que es una fuente de ingresos y que no les define como personas. Como principal objetivo principal quieren cobrar, no que les satisfaga o que les ayude a realizarse. 

Hay otras personas que se sienten violentos teniendo que emplear cada día su tiempo, su vida, en un sector que no les dice nada, que no les aporta nada. Para estas personas el trabajo es vivido como una misión que les permitirá transformar el mundo; y no menos importante, a sí mismos.  

Creo que muchas personas no saben, no piensan, no creen que puedan hacer algo diferente.

Quizás se nos ha atrofiado la capacidad de soñar.

Esta capacidad que teníamos de peques, y que nuestro niño o niña interior aún sabe hacer, de cerrar los ojos y vernos llegar a la luna o descubriendo una partícula subatómica o una tumba egipcia. Solo por el gusto de soñar, jugar.

De repente nos volvimos adultos.

Poco a poco, como se consuman todas las tragedias de la vida, y sin darnos cuenta, hemos dejado de soñar. Ya no permitimos que nuestro corazón cante por el gusto de cantar.

Y lo curioso es que a menudo, una vez que recobremos la capacidad de soñar, de ilusionarnos, una vez que permitimos cantar nuestro corazón, es posible que descubramos que nuestro trabajo no está tan mal. Que lo podemos llevar a cabo sin drama ni pena.

Porque el verdadero drama es el silencio del corazón; cuando este órgano tan real y simbólico deja de hacer su función.

Dicen que el hambre viene comiendo. Entonces; ¿los sueños vienen soñando?

Te cuento una historia.

Hace tiempo me pidieron escribir entre 5 y 10 trabajos alternativos que hubiera querido hacer en lugar del mío. No supe hacerlo. Me encallaba con tonterías del tipo: «es que no sé hacer esto, debería estudiar lo otro, luego no encontraré trabajo…». Trivialidades realistas y abrumadoramente aburridas. Me sorprendió ver esta gran dificultad y quise profundizar con la propuesta. 

Mi capacidad de soñar ha ido aumentando y aquí mi lista hoy:

  • Enfermera.
  • Bailarina/artista escénica. 
  • Exploradora/arqueóloga.
  • Profesora.
  • Escritora. 
  • Violinista/música.
  • Cantante.

No está mal, ¿verdad? Más de cinco.

Me saldría espontáneo justificar el porqué y cómo no he seguido estos sueños: me resisto. Esta es mi incapacidad de dejar que el sueño sea un sueño. Un sueño no quiere realizarse, un sueño solo quiere ser soñado.

Bueno, esta dinámica me ha ayudado a flexibilizarme un poco y te la propongo, por si te puede resultar interesante volver a soñar. Quizás tus sueños te guíen hacia tu verdadera pasión.

Puedes llevar esta propuesta a otros ámbitos de la vida, ¡creatividad al poder!

Si quieres que te acompañe para recuperar tus sueños, la terapia Gestalt conmigo te interesa.

Que tengas un feliz miércoles. 

Desactiva tu auto-profecía

Hay un mecanismo psicológico que me inquieta. Es la auto-profecía.

  • Nunca encontraré una persona que me quiera.
  • Siempre seré pobre.
  • La felicidad no es para mí.
  • Moriré joven. 

A veces nos convencemos de que sabemos lo que nos pasará. Y ¿por qué me inquieta esto? Porque a menudo nos creemos esta tontería que decimos y… propiciamos que se realice. Es la profecía autocumplida.  

Conocía personalmente a una mujer que me dijo varias veces: «Se que moriré joven». No llegó a los cincuenta años. 

No es el único ejemplo. 

  • Creemos que sabemos lo que nos pasará y eso no es cierto.
  • No está escrito en ningún lugar lo que pasará mañana. 
  • Ni para mí, ni para ti ni para los tuyos.

Con esto te quiero proponer que te posiciones en contra de todas las auto-profecías del mundo. No sabemos qué pasará mañana, o pasado mañana, o en un año. Hay muchos estudios sobre lo que es el efecto «placebo» y el efecto «nocebo».

Se subestima muchísimo el efecto placebo. Muchos se ríen cuando se dice que una persona está mejor gracias al efecto placebo; se le quita importancia, cuando realmente debería ser el siguiente camino en Medicina. Que una persona pueda estar mejor gracias al efecto placebo no es ninguna tontería, es mucho mejor que tomar químicos. 

El efecto «nocebo» también se conoce y es el contrario del placebo. Existe un estudio japonés probado con estudiantes que habían tenido malas experiencias con ortigas: les taparon los ojos y le dijeron que les rozarían los brazos con estas plantas. En realidad, les rozaron los brazos con otras corrientes, pero ellos desarrollaron irritación y sarpullidos en los brazos.

Tanto el efecto placebo como el nocebo son efectos de origen psicosomático y ambos demuestran la fuerza que tiene lo que creemos. 

Si tu cabeza cree que te están rozando con ortigas y, aunque no sea verdad, desarrollas un sarpullido; ¿qué crees que pasaría si crees que siempre vivirás sumido en la pobreza?

Este discurso parece dar crédito a los gurús de la ley de la atracción y a los coaches de los mantras milagros. 

Para mí es más interesante descubrir las autos-profecías que están apoyándose en los efectos nocebos y preguntarme: ¿qué me pasa, que creo que voy a morir joven? O: ¿qué me pasa, que creo que voy a ser pobre?

¿Qué pasa dentro de mí para tener la certeza de esta profecía?

Dónde se apoya esta certeza, para qué me sirve. Y, sobre todo, dónde te posicionas tú frente a esta creencia. Son todos aspectos a tener en cuenta para desactivar una auto-profecía. 

Si te parece interesante este proceso, las sesiones de terapia conmigo te interesan.

Recibe un abrazo, gracias por estar.

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