Mucho de lo que nos pasa hoy viene del pasado. 

Nos tratamos como nos trataron: no es una justificación, sino una constatación. 

Hoy nos callamos porque ayer nos dijeron: «cuando los adultos hablan los niños callan». Y nos lo creímos y obedecimos. O nos rebelamos y hoy no nos callamos aunque Dios mismo nos lo pidiese, porque: «ya verás tú quién soy yo». Una voz de venganza, una voz de justicia por los abusos, el abandono, sufridos.

Para la terapia Gestalt, la importancia del pasado se refleja en el presente. 

No es como el psicoanálisis, que busca en el pasado el origen de la neurosis actual, pero sí se reconoce que la persona que soy hoy se formó ayer en un determinado entorno, con una melodía de fondo concreta.

Hoy somos libres de darnos todo lo que no nos fue dado, lo que necesitamos y anhelamos como agua de mayo en pleno desierto. 

Y no lo hacemos. 

La mayoría de las veces no lo hacemos. Preferimos olvidar lo que fue y tirar a campar como mejor podemos. 

El tema es qué llevamos dentro de aquel niño o aquella niña herida, abandonada o ignorada, mandada a callar, humillada abiertamente por ser demasiado gorda o lenta o por ser demasiado buena, tonta, o muy avispada.

No hay solo una herida, hay muchas; como adultos de hoy y niños de ayer. Y esta herida, en el mejor de los casos, la tenemos presente y nos ocupamos de ella. 

En el peor, la hemos olvidado, escondido detrás de una fachada de fuerza, de pulcritud, de éxito. Desde el olvido no podemos hacer mucho. 

¿Qué pasa, que preferimos no recordar?

Que el dolor sobrecoge. 

El dolor da miedo y pensamos que no sirve de nada, porque de nada nos sirvió entonces. Porque no nos escucharon, porque los que tenían que cuidar de nosotros nos fallaron. Aunque fuera sin querer o por causas de fuerza mayor. 

Nos quedamos sin amparo. Hicimos lo que pudimos con lo que vivimos.  

Hoy quizás sigamos acarreando con las consecuencias de lo que fue. Pero también hoy podemos reparar todo aquel dolor. Poco a poco. Haciéndonos responsables de aquello, descubriendo a aquella niña herida que sigue viviendo en nuestro corazón. 

Así, desde la adulta que soy hoy, me ocupo de cuidar de mí, desde la comprensión, desde la compasión, desde la solidaridad o desde donde sea. Lo importante es cuidar de mí. 

Lo importante es que cuides de ti. 

Nadie más va a hacerlo en nuestro lugar.

Si quieres comenzar a cuidar de ti, la terapia Gestalt es un buen camino para que te acerques a tu corazón y las sesiones de terapia conmigo te interesan.

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